MAUS, o de los que dicen que en el comic no hay literatura.

maus.jpgEn mi último viaje a Madrid, aparte de llevarme media Casa del Libro, me llamó la atención el intento que están haciendo desde esta cadena de librerías por promocionar el comic, no como arte autónomo, sino como parte de algo que llaman “novela gráfica”, sea eso lo que sea. Para dicha promoción, han aprovechado la conjunción de ediciones de algunas de las obras mas clásicas en ese género, por ejemplo, las de Will Eisner. Una de dichas obras es la que quiero comentaros aquí porque se da una curiosa circunstancia. Es el único comic (yo no voy a llamarlo novela gráfica) que ha ganado un premio Pulitzer. Se trata de Maus de Art Spiegelman editada ahora en la colección Reservoir Books de Random House Mondadori, aunque se publicó originalmente en 1973.

¿Qué es Maus y que tiene de especial? La historia es simple. El padre del autor, Vladek Spiegelman, vivió el Holocausto nazi en Polonia y en el campo de concentración de Auschwitz. Su hijo decide contar la historia de su padre pero distanciándose de ella. Para conseguirlo, no dibuja seres humanos sino que los animaliza. Los judios son ratones (de ahí el título), los alemanes gatos, los polacos cerdos, los americanos, perros, etc. Eso da un aire mas grotesco a las viñetas. El autor intercala el relato de su padre con la situación actual, con Vladek completamente amargado, el suicidio de la madre del autor y el absoluto desprecio que Art siente por su padre, al que solo busca para completar su relato.

Lo verdaderamente interesante de Maus no es el relato de Auschwitz o de los guettos. Todo se ha contado varias veces. Sin embargo, la animalización de los personajes parece que da permiso al autor para que la brutalidad sea mayor. Por otra parte, Vladek Spiegelman es un narrador cuestionado. Su mujer, Alma, se suicida y se pierden todos los diarios en los que ella narraba su propia experiencia. En ciertos momentos, nos da la impresión de que Vladek se salvó de la muerte en Auschwitz comerciando con las vidas de sus compañeros, pero como es él quien nos está narrando la historia no se llega a dejar claro. Se nos presenta a Vladek en su vejez como un ser huraño, tacaño y amargado que solo quiere tener a su hijo a su lado. Especialmente impresionante es la escena en la que yendo en coche, Artie recoge a un autoestopista negro y Vladek que estaba contando como morían los judios en Auschwitz demuestra ser igual de racista que los nazis.

En definitiva, estamos ante una auténtica joyita de la literatura del siglo XX, en la que se nos narra muy bien, no solo los hechos sino el carácter del pueblo judio, tanto en la época del Holocausto como en la actual, que trasciende de la anecdota de presentar a los personajes como animales para hacer lo que debe hacer la buena literatura: emocionar, hacer pensar y cerrar el libro pensando que se nos ha ofrecido algo bueno.

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